El chip electrónico viene ya perfectamente
instalado en las nuevas generaciones y eso hace que los niños tengan mayor
capacidad que los adultos para manejar las nuevas tecnologías. La televisión,
Internet y, sobre todo, los videojuegos, son los culpables de que,
cada vez más, haya una enorme pasión por las pequeñas pantallas y de que a los más pequeños les pase
factura.
“Es cierto que las consolas pueden
convertirse en una forma de entrenamiento para la mente, pero su uso excesivo
puede conducir a graves problemas de salud que son fáciles de prevenir”, afirma la doctora Ruipérez.
Las compañías diseñadoras de videojuegos son
conscientes de que, al crear algo que contenga un elemento adictivo, sus ventas
aumentan considerablemente. Los niños se dedican a intentar pasar de nivel
y esto les hace interactuar de manera desmesurada con estos dispositivos.
Según Concepción Ruipérez, “la adicción a los
juegos virtuales hace que los niños desechen otro tipo de actividades, como es
la actividad física, lo que más escasea entre la población infantil de la
sociedad actual. Hay poca actividad física en los colegios, y menos aún en las casas. Ahora
los niños no juegan en los parques y ya no hacen más de dos o tres horas
semanales de ejercicio.”
La tendencia al sedentarismo y a la
obesidad en la infancia es uno de los mayores problemas a los que se
enfrentan los niños adictos a los videojuegos. Ellos evitan al máximo cualquier
tipo de actividad al aire libre por su permanente interés en el juego.
Pueden estar constantemente frente a la
pantalla y encontrar en la comida rápida una solución para no dejar de jugar.
El riesgo de sufrir enfermedades de corazón como los altos
niveles de colesterol o la hipertensión es
latente en aquellos niños que tienen mayor afición por los videojuegos.
En muchas ocasiones, los niños tienen
insomnio porque utilizan de forma exagerada las videoconsolas. Además, si
son utilizadas antes de la hora de dormir,
producen alteraciones en el sueño, tanto en su estructura como en
la conciliación del mismo.
Esto suele afectar al rendimiento escolar, a
la habilidad emocional y a las relaciones familiares. “La Asociación
Española de Pediatría recomienda menos de dos horas de videojuegos al día y
nunca antes de ir a dormir”, apunta la doctora Ruipérez Cebrián.
La salud mental también se
deteriora por el uso desmedido de este tipo de tecnología, pues, si no existen
unos límites, puede intensificarse la posibilidad de que los niños se enfrenten
a un mayor aislamiento social.
La ansiedad, la irritabilidad y
la ira son otros de los síntomas que señalan una
posible adicción al uso de los dispositivos electrónicos.
“Al
tener un estímulo permanente que crea una gran adicción, se pierde el contacto
social. Hay niños que no tienen facilidad para relacionarse con los demás y
encuentran en este tipo de entretenimiento un incentivo para ello”
Siempre es bueno conocer los riesgos de salud
que corren los pequeños de la casa y, sobre todo, a la hora de jugar, un
momento clave en su día a día.



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